El relato

La mañana no le ofreció consuelo. Abrió los ojos y ese ardor insesante e insoportable aún estaba allí. Un dolor causado cuando la realidad le quemaba la retina de su consciencia. Sabía que al sumergirse en una nueva jornada, más que distraerse con las labores cotidianas, desgastaría más su voluntad, acercándose de manera peligrosa a ese punto de no retorno, a ese punto en el que ya no tendría salvación, a ese momento en el que olvidaría por qué recordaba y se afanaría, sin más, en ser otra línea del relato que ahora intentaba cambiar.

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