La nada Diurna

Era ya tarde cuando la pequeña ciudad Diurna decidió tomar un viejo libro de la polvorienta estantería y leer un relato.

Sin embargo, cuando tuvo en sus manos al libro se vio ante un dilema, pues no sabía elegir cuál relato debía leer.

No era la obra que tenía ante sí como otra cualquiera, no tenía una tabla de contenidos ni un índice final, ni siquiera estaba aún escrita. El problema era que en dicho libro solo podían leerse los relatos que ya uno conocía, pero de los cuales ignoraba los detalles.

Pero entonces, pensó la pequeña ciudad Diurna, si solo leer lo que ya se puedo, ¿cómo se escribió por vez primera algo nuevo?

Fue así como la pequeña ciudad Diurna se dio cuenta que su existencia no era más que un pequeño factor en una operación de suma cero llevada a cabo en la nada primigenia.

Diurna dejó el libro a un lado y se regoció al saberse nada en lo que, para esos pequeños seres que por ella caminaban, aún seguía siendo una paradoja irresoluble.

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