El Mara Donna

Sería un día del mes de noviembre del año 2020, la verdad no lo recuerdo con claridad. Probablemente desayuné huevos con aguacate (o palta), chocolate con leche espumada y alguna salpicadura de tomate. Me pareció advertir que murió alguien de la farándula futbolera, uno de esos ídolos a los que se sigue cuando uno anda falto de vida propia, pero el repentino flujo de la yema del huevo, cocinado al mejor estilo chileno, suave por dentro y desnaturalizado por fuera, me distrajo de futilerías y me dediqué a la significativa labor de mirar a la sociedad de ardillas más allá de mis viandas, allí donde la vista recién pasa la ventana y se encuentra con los rugosos troncos estriados por consecutivos inviernos.

Me importa un huevo, dicen en España, pero no estoy de acuerdo, en mi mundo, mi desayuno ovolácteo chocolatoso importa mucho más que la Mara Donna, o el Mara Donna.