Morderse la cola con filosofía

Hoy veía con soberbia y superioridad el primitivo comportamiento de un inquieto can que perseguía su propia cola en un ejercicio de evidente torpeza intelectual.

Procedí, enseguida, a alimentar mi ego de hombre débil regocijándome en los grandes logros de mi especie. Me sumergí en los recónditos y elaborados existencialismos que elaboran el origen de nuestra consciencia y la definen como esa referencia circular sobre estar al tanto de la propia existencia.

Y así termino mi día, con el ego inflado, ignorante de esa cosa superior que me observa como un ser primitivo que en lugar de morderse la cola, piensa su pensamiento.